Confiamos en que muchas de las personas que se ven inmersas en la complicada espiral de las drogas son capaces de coger las riendas de su vida. Uno de los sentimientos que lleva al consumo de drogas, y que acompaña ya durante todo el proceso de la drogodependencia, es la soledad. Soledad que a veces sume a la persona en el silencio y la sensación de impotencia o incapacidad para pensar o amar.
A través de sesiones de terapia grupal en las que la creatividad artística cobra toda su importancia, tratamos de llenar la necesidad de toda persona de ser escuchada, de abrir nuevos canales de expresión cuando el lenguaje verbal no es suficiente y de fomentar las relaciones interpersonales, en un entorno segurizante donde retroalimentar la intuición y poder volver a ser espontáneo.